Reflexión sobre bienestar, calidad de vida, conciliación, igualdad I

El día a día de una persona es muy diferente en función de la situación vital en que cada uno nos encontramos, del punto de planeta habitado y de  la cultura que nos rodea… y de muchas más variables, por supuesto.

Al tratar de buscar un punto de partida común, es cierto que resulta una labor compleja.

En ocasiones leemos, o escuchamos, un montón de conceptos como bienestar, calidad de vida, conciliación, realización personal, igualdad… Asimilarlos en nuestro día a día como persona, es harto difícil y, como no, subjetivo.

No podemos evitar compararnos con la gente que consideramos que está en una situación vital similar a la nuestra. Pero a nivel familiar? A nivel laboral? A nivel personal? Y por qué no: a nivel emocional?

Tenemos personalidades tan complejas que, una misma persona, dependiendo del estado vital en que se encuentre los conceptos antes mencionados los puede vivir de distinto modo.

Se me viene a la cabeza una madre recién estrenada. Que no deja de recordar todas esas cosas leídas y/o escuchadas en clases de preparación al parto, o vía consejos de sus mayores, amigas “experimentadas”, etc. Y de pronto su cuerpo con un desequilibrio hormonal tremendo, sintiendo que no da para más, con las 24 horas del día que son un mini bucle que nunca acaba, y pensando que no vale para eso… No se plantea ni bienestar, ni calidad de vida, ni conciliar, ni mucho menos realización personal gracias a esa maternidad que está disfrutando; si acaso, se plantea la igualdad pensando que dónde queda esa igualdad que la hace estar todo el día en una contrarreloj intensa por sacar un minuto para una ducha, para quitarse esos malos pelos de la ceja o tener un segundo para hacer una llamada a ese mundo exterior que sabe que existe, y recuerda haber visto a otras mamis y papis que disfrutan cambiando pañales, o yendo a la compra o saliendo a tomar un café para pegarse unas risas… y en seguida un sentimiento de culpa porque no está dando masajes a su pequeño, por no estar disfrutando al máximo de esos primeros momentos de su bebé, por no tener fuerzas para llegar a la puerta de casa para dar un paseo… sólo deseando que llegue su pareja para compartir esa angustia y responsabilidad y sentir que aunque no iguales, sí comparten ciertos miedos e inseguridades.

Otro flash: una madre de mediana edad. Con esos hijos preadolescentes, de apenas 8-10 años. Ha conseguido mantenerse en el puesto de trabajo que tenía antes de ser madre, pero las cosas han cambiado: esa menor disposición a horarios interminables, a esas reuniones a horas tardías, acaban pasando factura. Piensa en el bienestar que ese trabajo permite mantener a su familia, aunque sabe que no vive con calidad de vida porque levantarse a las 6.30 de la mañana y llegar no antes de las 17.30-18.00 a la casa, no es calidad de vida. Se siente afortunada porque por lo general no tiene que trabajar por las tardes fuera de casa y puede compartir ese tiempo con sus hijos para ayudar en deberes, para escuchar todas esas cosas que se van soltando sin más en una merienda, un recoger un libro… esa preocupación, ese agobio que a ciertas edades son un mundo y sólo la edad, la experiencia y la distancia nos hacen relativizar. Al pensar en la conciliación, su cerebro empieza a bullir. No cree estar conciliando. O si lo que hace es conciliar, no le da la paz que ella cree que debería tener. La igualdad ni siquiera se para a cuestionarla. Igualdad respecto a quién? Respecto a qué? Sólo sabe que es relativamente feliz porque aunque va todo el día corriendo la mayoría de ellos puede estar con sus hijos en casa a una hora prudencial. No es quizás la casa que ella habría pensado al imaginar su calidad de vida y bienestar años anteriores,  pero es su hogar.

¿Podría ser esta mujer la misma? ¿Podría ser esta mujer alguien que conozcas? ¿Podrías ser, o haber sido, esta mujer tú, tu madre, tu hermana, tu amiga, tu prima…?


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2 Comentarios en Reflexión sobre bienestar, calidad de vida, conciliación, igualdad I

  1. Monica Sanchez (@arare73)
    28 febrero, 2012 at 10:42 (9 años ago)

    Cómo profesional y madre, me he dado cuenta de que ser profesional y ser madre está reñido en la gran mayoría de los casos…… Si eres madre, tienes que aparcar todas esas reuniones tardías, las cenas de negocios, los viajes imprevistos….. y si no quieres renunciar a todo eso, no puedes ejercer de madre porque prácticamente no verás a tus hijos más que los fines de semana…. y luego viene cuando nos extrañamos de que quieren más al abuelo/abuela/canguro que a ti…

    Así que mi opinión es que la conciliación a ciertos niveles profesiones es una utopía.

    Si que creo en la conciliación a otros niveles….. si eres administrativa en ciertos departamentos estoy convencida que eres capaz de hacer tu trabajo en 6 u 8 horas. Y deberías tener tiempo para trabajar y disfrutar de tu familia…

    En mi caso concreto tengo la gran suerte de poder conciliar trabajo y familia, es lo bueno que tiene estar en un departamento de exportación, que los horarios del resto de países me permiten estar a las cinco en el cole recogiendo a mis brujis….. además casi el 90% de mi trabajo se hace mediante correos, llamadas y/o skype, así que con un buen smartphone puedo trabajar desde dónde quiera…….. pero reconozco que ya no podré subir al siguiente nivel porque ya no estoy disponibles para esos viajes, esas cenas y esas reuniones……

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    • Madespymas
      28 febrero, 2012 at 12:55 (9 años ago)

      Bienvenida! Qué ilusión que me leas!

      Estoy de acuerdo contigo en que profesional y madre parece estar reñido en la mayoría de los casos, pero me cuesta aceptarlo más que a ti. Creo que es algo por lo que debemos de tratar de luchar cada uno en la medida de nuestras posibilidades.

      La conciliación, ¿ es una utopía ? Es posible. Como muchas otras cosas lo han sido a lo largo de los años, siglos, y ahora se han alcanzado, ¿ no? Creo que poder lograr una conciliación real para ciertos puestos ya sería un gran logro. Y lo que venga después, pues mejor.

      Pero lo triste es que mientras que esa conciliación suponga sacrificar categoría, desarrollo (tanto profesional como personal o familiar) e ilusiones, tendremos aún un trecho grande por recorrer, y no será ciertamente una conciliación real a mi entender.

      Gracias por el comentario!

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